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Héctor Uría es el protagonista de La Zona.

Descripción del personaje

Único superviviente del primer grupo que entra a la Central Nuclear de Nogales durante el accidente de 2014. Tres años después de la catástrofe se reincorpora a su puesto de Inspector de policía y se encarga de investigar un crimen en Nogales, dentro de la zona de exclusión. Héctor arrastra el dolor de la pérdida de su hijo Fede, fallecido en el accidente.

Desarrollo del personaje

Antes de la serie

Héctor fue uno de los primeros participantes en las labores de rescate del accidente de la Central Nuclear de Nogales el 27 de abril de 2014. Héctor es el único superviviente del primer grupo que entró en la central al saltar las primeras alarmas. Mientras el resto de compañeros de emergencias que entraron con él en la Central fallecieron en el acto o poco después, los informes médicos de Héctor a tres años del accidente no indican ningún tipo de secuela física. De hecho, la médico que le da el alta, Julia, le dice que todo su problema es psicosomático.

Héctor sigue sufriendo las graves secuelas emocionales del accidente. Además de ser el único superviviente, su hijo Fede se encontraba en los alrededores de la central participando en una manifestación exigiendo el cierre de la misma y falleció en el accidente como consecuencia del impacto de la explosión del reactor. Héctor no ha sido capaz de superar la pérdida y mitiga su dolor consumiendo pastillas ansiolíticas y otras sustancias más fuertes, ante la desaprobación de los que le rodean. Héctor mantiene una relación con la doctora militar Julia, que es crítica del uso indiscriminado de pastillas por parte de Héctor e intenta recetarle un uso moderado bajo supervisión médica.

Su entorno le considera un héroe por haber entrado en la central, logrando evacuar a un gran número de personas tras la explosión del reactor, cosa que Héctor vive con mucha reticencia y culpabilidad. Tampoco se siente cómodo en la posición de víctima y procura mantenerse al margen de las labores conmemorativas del accidente, así como de las reclamaciones de las víctimas al respecto y el cuestionamiento del comportamiento del Estado con las víctimas tras el accidente.

Héctor también es el padre de Esther, que trabaja en la diputación como mano derecha de Ferreras.

Episodio 1

Tras reincorporarse a su puesto de trabajo como Inspector de Policía, la comisaría es alertada de que han encontrado un cadáver dentro de la zona de exclusión, en la fábrica de Santo Ángel. Su jefe, el Inspector Jefe Carreño, cuestiona si realmente está preparado para afrontar la situación y manda a Martín, un joven inspector del mismo mando. Héctor decide acudir igualmente, marcando la primera vez que entra en la zona desde el accidente.

Al llegar al lugar del crimen, descubre que Martín y otros agentes tienen retenida a Zoe, una joven que conducía un camión requisado, repleto de materiales de obra de contrabando. El cadáver encontrado en la fábrica abandonada es el de Esteban, el tío de Zoe. El cuerpo de Esteban ha sido colgado por los pies y devorado en parte por tres lobos de la zona de exclusión. Héctor es el encargado de hablar con Manuel, hermano de Esteban y padre de Zoe, que le cuenta la relación tan estrecha que existía entre él y su sobrina. Además, consigue hablar con el forense antes de que se formalice el resultado de la autopsia (parece que han trabajado juntos en muchos casos) y este le cuenta que a Esteban no le ha mordido solo un lobo, sino que hay marcas de mordeduras de persona.

Cuando Héctor regresa a la zona, entra en la casa de Esteban. Allí descubre que el tío de Zoe estaba hablando con una mujer por correo (Rosa) con la que parecía tener una relación sentimental y con la que se veía en la Asociación de víctimas del accidente de Nogales. Cuando acude para conocerla, los miembros de la asociación le reclaman que no se implica y le piden que lo haga: tiene un gran peso público y, además, es considerado un héroe. Héctor les responde que su forma de lidiar con el duelo y sus problemas con el mundo es cosa suya.

Episodio 2

En la comisaría, Héctor le cuenta a Martín que acudió a la Asociación de Víctimas. Su compañero le pregunta por qué no le ha avisado, visiblemente molesto. Cuando sale de la reunión, la abogada de Zoe le pide que deje a la chica acudir al entierro de su tío Esteban. Héctor se niega y le pide que colabore, pero cuando la abogada le pregunta si de verdad quiere negociar con algo así, el Inspector cede.

Por las fotos del móvil de Zoe, Héctor descubre que la joven habló antes del asesinato de su tío con alguien llamado Pipo, por lo que decide ir a buscarle al Mercado de La Romana. Va con su compañero Martín Garrido, pero no encuentran a Pipo. Entonces Héctor pregunta a una mujer a la que tenía fichada por contrabando y ella les dice dónde suele encontrarse. Cuando Pipo y Bruno (los amigos de Zoe) ven a la policía llegar, salen corriendo.

Héctor y Martín los persiguen y los cogen en un aparcamiento. Pipo le dice a su amigo Bruno que no diga nada y el Inspector lo mete en el maletero. Héctor interroga entonces a Bruno y logra que le cuente que ellos solo iban a ayudar a Zoe a descargar material de contrabando y que trabajaban para Barrero. Martín le dice a Héctor que no sabe quién es y vuelven a comisaría.

Allí hablan con Zoe y su abogada que, a cambio de salir en libertad con cargos pero sin fianza, les cuenta que Esteban solo trataba de pagar sus deudas y les da la dirección de un almacén que Barrero usa para descargar la mercancía. Cuando Héctor acude a casa de Barrero con una orden de registro no encuentra nada. Llama a Martín, que se encarga de ir al almacén. El almacén ha sido vaciado, pero muestra altos índices de radiactividad. Héctor le pide a Martín que le ponga vigilancia a Barrero. Su compañero parece aceptar de forma retincente.

Su hija, Esther, trata de contactar con Héctor durante toda la mañana del tercer aniversario del accidente. Héctor se había comprometido a acudir al acto conmemorativo, pero no aparece. Cuando Esther acude a la comisaría a buscarlo, Héctor se justifica diciendo que estaba muy ocupado. Pero su hija ha ido para contarle que hace tres años, en la explosión de Nogales, hubo errores en los informes de las autopsias. Le previene de que se va a publicar una filtración del Ministerio en la prensa y Héctor le pregunta si ha hablado con su madre para contárselo. Esther dice que no.

Héctor queda destrozado pensando en su hijo Fede y acude a una vidente llamada Amalia. Cuando esta le pregunta por qué va a visitarla si no cree, el Inspector le dice que necesita saber por qué sigue vivo y que Fede está bien. Amalia le contesta que Fede le está viendo, pero que no quiere que sufra.

Héctor recibe la llamada de Julia esa tarde, cuando la médico va a buscar a Tomás y Luisa y descubre que han sido atacados. El Inspector acude con Martín y Carreño y conoce allí al Inspector de Homicidios recién llegado de Madrid, Alfredo Asunción. Héctor se muestra preocupado por Julia y va a verla al hospital.

Mientras están esperando noticias de Luisa, vemos como se publica la filtración de los errores en los informes. Héctor habla por teléfono con Marta y le dice que se lo quería contar él y que deberían poder hablar del tema.

Episodio 3

Al inicio del episodio, Julia y Héctor se encuentran en el hospital, pendientes del estado de salud de Luisa. Cuando la mujer despierta, le cuenta al Inspector que El Caníbal no dejaba de hablar de “El Balneario”. Luisa comienza a ponerse nerviosa y a llamar a Tomás. Héctor sigue intentando interrogarla, y Julia le interrumpe cuando Luisa entra en crisis de ansiedad. Julia le pide a Héctor que no la vuelva a interrogar.

Mientras tanto, Héctor decide investigar esa pista. El Inspector acude al antiguo balneario abandonado de San Adriano. El balneario ha sido tomado por la naturaleza y se encuentra en un absoluto estado de dejadez. El interior está cubierto por follaje, que convive entre las viejas hamacas y demás enseres propios del anterior negocio. También está repleto de palomas, que han campan a sus anchas dentro del edificio principal. Oye unos ruidos de golpes, parecidos a disparos, y al salir a la zona de la piscina exterior, descubre a un chaval jugando al fútbol. El chico huye y Héctor observa una pintada que recubre la pared de la piscina vaciada que hace mención a los “Gitanos Radiactivos”.

Al no encontrar nada sospechoso en el balneario, Héctor acude a la zona de San Adriano, concretamente al bar frecuentado por los trabajadores de la central. Ahí le atiende Julia, la dueña del bar, que le pregunta de dónde es. Héctor contesta que de Santolaya, y Julia se lamenta de cómo quedó esa zona. Héctor comenta que el bar tiene muchos clientes para estar donde está, y Julia le contesta que la empresa de limpieza ha tomado la zona, trayendo negocio de los trabajadores instalados en los alojamientos cercanos a las antiguas minas. Julia comenta que la empresa ha adquirido casi todo el pueblo.

Uno de los clientes del bar se ofrece a enseñarle a Héctor la zona, entendiendo que quiere encontrar trabajo de liquidador. Le lleva al piso que comparte con más liquidadores, explicándole que tanto las condiciones laborales como las viviendas se encuentran en un estado precario. Le dice a Héctor que ahí solo hay gente desesperada por salir adelante como sea. Héctor le pregunta por las mujeres, y el liquidador le responde que para encontrar mujeres tendrá que acudir al balneario. Héctor le dice que ya ha estado y está abandonado, pero el liquidador le clarifica que se refiere al Club El Balneario.

Héctor acude al Club, pretendiendo ser un cliente más. Allí, una de las mujeres le intenta seducir. Uno de los clientes le reconoce, diciendo en alto que es el policía que sobrevivió al accidente. En ese momento, se tensa el ambiente y aparecen Zoe, Barrero y Dani. Héctor persigue a Zoe y la chantajea con encerrarla en prisión si no le cuenta dónde esconde Barrero la droga. Busca a los hombres de Barrero, que intentan deshacerse de la droga antes de huir. Héctor los reduce y pide refuerzos. El Inspector lleva a Zoe a un coche de policía y la esconde allí. Dani ve a Zoe en el coche, y ella culpa a Héctor de que ahora irán tras ella. El Inspector le promete que estará pendiente de ella y la ayudará si ella deja de colaborar con Barrero.

Cuando llegan los refuerzos para la redada, todos los trabajadores de Barrero han abandonado el local (gracias a los avisos de Dani). Un superior le dice a Héctor que en qué estaba pensando y le obliga a trabajar con su compañero a partir de ahora. Al final del episodio, vemos a Héctor consumiendo la droga que había requisado.

Episodio 4

Héctor llega a su casa tras la redada en el club y se encuentra con Marta. Empieza a vomitar y miente a su ex pareja, alegando que es por algo que ha comido. Marta trata de ayudarle. Cuando se recupera, Marta le dice que Julia ha ido a verlo, pero Héctor evita el tema. El Inspector le comenta que no se esperaba que volviera. Marta le acusa de haber decidido sufrir más que el resto y Héctor le dice que no piensa discutir, que prefiere dejar las cosas como están.

Es entonces cuando Zoe lo llama, Barrero la está persiguiendo y le pide ayuda. Héctor sale corriendo hacia el camping y avisa a Martín que para que llame a la Comisaría y se envíen patrullas. Cuando llega al camping, Martín lo espera solo y le dice que aún no han llegado los refuerzos. Héctor le cuestiona que no supiera nada del contrabando de Barrero durante estos tres años, Martín trata de justificarse alegando que no actuaban en San Adriano.

Los Inspectores se encuentran a Manuel asesinado. Deciden dividirse para buscar a Zoe. Héctor la localiza y, cuando vuelve a encontrar a Martín, ve que su compañero había matado a Barrero. Es ahí cuando descubre que estaban colaborando y, tras enfadarse con él, Héctor lo encubre.

El Inspector Uría les explica que tienen que decir que no han estado en el camping, que no saben nada de lo que ha ocurrido en él y que deben llevarse cualquier prueba. Mete la droga que encontró en El Balneario en el bolsillo de Barrero y encarga a Martín hospedar a Zoe a su casa esa noche. La chica corre a buscar a su padre y se queda mirando el cuerpo. Héctor le pide a Martín que se la lleve de allí y llama al 112 desde el teléfono de Manuel.

Cuando Héctor coge el móvil de Barrero, ve que el contrabandista tenía un mensaje que le citaba en un bar de la zona. Al llegar, llama al número y ve que nadie lo coge. Fausto llama a Lucio para preguntarle si Barrero ha llegado (porque acaba de recibir la llamada desde su móvil) y él le dice que no. Parece que es entonces cuando, mirando desde fuera, Héctor comienza a sospechar de Lucio. Decide entrar y hablar con él, pero Lucio se va, tras decirle que no piense mucho las cosas.

Episodio 5

Cuando Héctor sale de casa la mañana después del asesinato de Barrero, Julia lo está esperando en la puerta. La médico le cuenta que estuvo en el Pabellón K la noche de la explosión nuclear y que se encontraba en la sala en la que se hizo la autopsia de su hijo Fede. Julia admite que vio los restos de las víctimas, incluidas las del hijo de Héctor. El Inspector se ve claramente afectado por la noticia de Julia y la deja sola.

El Inspector llega al camping, pregunta qué ha pasado y Carreño le informa de que están buscando a Zoe. Alfredo le explica que la investigación se complica con el asesinato de Barrero, y que está seguro de que no lo hizo El Caníbal. Encuentran el teléfono de Zoe, así que Héctor llama a Martín para pedirle que acuda con la chica a Comisaría y que le tome él mismo declaración lo antes posible.

Al descubrir que la empresa de limpieza es la propietaria del club El Balneario, deciden investigar esta compañía y a su dueño, Fausto Armendáriz. Cuando están en el coche de camino a la empresa de limpieza está lloviendo y Héctor explica a Alfredo que cada vez que llueve, los liquidadores tienen que tienen que volver a limpiar la tierra, ya que la lluvia es tóxica.

Llegan a la empresa y hablan con algunos directivos de ARV (la empresa de limpieza), pero les explican que no pueden proporcionarle información sobre el estado de salud de los trabajadores por leyes de confidencialidad. Héctor les acusa de ser poco colaborativos.

El Inspector Uría se encuentra con el liquidador que le guió por San Adriano. Alfredo y Héctor revisan su casa y encuentran una carcasa de plomo para alterar el dosímetro, bajando los niveles de radiación detectados. El liquidador le dice que ARV aprovecha la desesperación de los trabajadores para que trabajen más de lo que deberían. Le cuenta que ha escuchado que los inquilinos del número 16 se fueron de forma repentina hace unos días.

Al volver a comisaría, Martín está tomando la declaración de Zoe. Alfredo y Héctor se acercan y escuchan la versión de la joven, contando que llamó al Inspector Uría. Carreño, Alfredo y Héctor se reúnen y Uría les confiesa que no respondió al teléfono porque estaba borracho. El Inspector Jefe Carreño le pide a Alfredo que se vaya para que Héctor se explique. Le cuenta que Marta ha vuelto y que ha sido un día muy duro y le pide que no le vuelva a dar de baja.

Héctor habla con Alfredo y le dice que no se equivoque con él, que quiere encontrar a los asesinos tanto como cualquier policía. Alfredo le explica que casi un tercio de los trabajadores de la empresa de limpieza tienen antecedentes y que, de esos, el cincuenta por ciento fueron absueltos en el mismo juzgado y por el mismo juez: Miralles. Héctor se pregunta si están cambiando tiempo en la cárcel por trabajo en la zona. Carreño los frena y les dice que se aseguren antes de hacer esas acusaciones, que les vaya avisando antes de dar cualquier paso. Alfredo encuentra a cinco personas que se dieron de baja el mismo día del asesinato por depresión. De ellos, tres tienen antecedentes, entre los que están Krusty y “Pelirrojo”. Aparece en la lista El Caníbal, Gabriel Sánchez, al que ven como uno de los principales sospechosos: estuvo en un centro psiquiátrico por crisis de agresividad, pero no tiene antecedentes, por lo que se podría explicar que no identificaran sus huellas.

Zoe se acerca a Héctor y a Martín y les dice que el asesino al que buscan está muerto. Se meten los tres en el coche de Héctor y Zoe les cuenta que vio a Barrero quemando los cuerpos de dos personas: un liquidador de los que están investigando y otro que según el contrabandista era el asesino de su tío. Héctor les pregunta si fue Barrero el que los mató y Zoe responde que le dio la impresión de que no.

Esther llama entonces a su padre para saber qué está ocurriendo con los asesinatos y para avisarle de que Marta quiere unirse a las denuncias por los informes de las autopsias. Le dice que Ferreras está muy nervioso por los asesinatos del El Caníbal y que le ha preguntado por él. Héctor solo le pide que tenga mucho cuidado.

Héctor le pide un favor a otra policía para que le investigue la matrícula del coche que encontró en el bar la noche anterior y el número de teléfono que envió un mensaje a Barrero. Descubre que el móvil tiene como titular a la empresa de limpieza ARV.

La policía llamará después a Héctor para contarle que la matrícula del coche corresponde a Lucio. Cuando el Inspector va a buscarlo, le recibe su madre, Juana, que le cuenta que el cazador no suele estar en casa. El Inspector Uría descubre una foto en la casa de Lucio en la que, junto a él, están Fausto, Ferreras y el juez Miralles.

Episodio 6

Tras descubrir la relación de Fausto con Lucio, Barrero, el juez Miralles y el Delegado Ferreras y las irregularidades de su empresa de limpieza ARV, Héctor decide acudir a un acto benéfico organizado por Armendáriz. El Inspector Uría le acusa de que está contratando a delincuentes indultados por Miralles a cambio de trabajar en el proceso de descontaminación de la central. Fausto no lo niega, de hecho, le dice que ha sido el último en enterarse y que está realizando un “mal necesario”.

Héctor decide prevenir a su hija y pedirle que tenga cuidado con Ferreras, ya que no sabe hasta qué grado está implicado el Delegado de Gobierno en su investigación. Luego, va a ver a Marta y, cuando su ex pareja le cuenta las sospechas de Fabiana, el Inspector le pide que se vaya de San Adriano.

Héctor habla con Julia y aclaran la discusión del día anterior. Le pide ayuda para convencer a Marta de que no debe seguir investigando. Cuando llega a comisaría, habla con Alfredo, que le dice que lo ha visto en las cámaras de seguridad de El Balneario escondiendo la droga que luego apareció en el bolsillo de Barrero. Le vuelve a preguntar si mató al contrabandista, pero Uría le dice que no.

Héctor le dice que tienen que confiar el uno en el otro y empiezan a buscar a Lucio. Llegan al bar en el que se citaron Barrero, Lucio y Fausto y le enseña una foto de los tres al camarero, que los reconoce. Alfredo pide a Héctor que declare en Comisaría y el Inspector Uría promete hacerlo, pero cuando Asunción va a pagar la cuenta, Héctor se escapa.

El Inspector va a buscar a Lucio a la gasolinera y encuentra a “Pelirrojo”, decidido a contarle lo que les ocurrió a los liquidadores.

Episodio 7

Héctor escucha durante este capítulo la historia que relata “Pelirrojo” sobre lo ocurrido la noche en la que se produjo la fuga radiactiva en la Central de Nogales.

Se entera de que drogaron a los liquidadores para obligarlos a entrar a la Central, que los trabajadores consiguieron huir y que ahora los persiguen. Conoce así también la historia de El Caníbal. Tras oírlo todo, “Pelirrojo” muere y Héctor recibe un fuerte golpe en la cabeza. Así acaba el episodio siete de La Zona.

Episodio 8

“Soy policía. Y, quién sabe, a lo mejor también un mal necesario.”
(Héctor a Fausto)
Tras darle un fuerte golpe en la cabeza, Román y el resto de hombres de Fausto drogan a Héctor. Tienen la intención de matarlo y que parezca que ha sufrido una sobredosis.

Mientras esto ocurre, los medios de comunicación comienzan a publicar el vídeo de las cámaras de seguridad durante la redada en el Club El Balneario. En ellas se ve que Héctor roba la droga que debería requisar y se empieza a sospechar que tiene relación con la muerte de Barrero.

La policía lo busca, pero, gracias a los periodistas, Zoe se entera de que está desaparecido y va a buscarlo. Lo rescata y lo lleva al camping, pasando antes por el hospital a robar Naloxona para reanimar a Héctor. Al volver en sí, Héctor quiere ir a por Fausto y la chica dice que le quiere ayudar, pero el Inspector decide hacerlo solo.

Avisa a Marta de que está bien y le da el número de Ana, la que era pareja de su hijo Fede. Va a ver a Julia. La médico está hablando con un periodista y Héctor también se entrevista con él. Julia se despide de Uría, diciéndole que necesita salir de Nogales y que se vuelve a Madrid.

Llama a Martín para que lo ayude a solucionar el caso. Martín y Alfredo se reúnen con él en la playa. Garrido le dice que le ha contado todo a Asunción y este les hace prometer que, en cuanto cierren la investigación, declararán en comisaría.

Héctor se divide el trabajo con los dos Inspectores. Va a buscar a Fausto y lo detiene. Carreño le dice que no tenía que haberle dejado volver a comisaría, que no pueden detener a Armendáriz sin pruebas, y Héctor asegura tenerlas. Pero el juez Miralles lo acaba dejando en libertad.

Cuando se entera de que Alfredo ha muerto, Héctor va a hablar con Vidarte, que ha sobrevivido a la explosión, pero sigue sin contar nada. Allí se encuentra con Ferreras, que le ofrece un trato: Héctor debe dejar el cuerpo y, a cambio, se le dejará libre de cargos. Ferreras le dice que como Delegado es el primero en perseguir cualquier tipo de corrupción.

Al final del episodio vemos como Héctor recibe la llamada de Marta, que le dice que es abuelo: Ana se había quedado embarazada de Fede antes de la explosión.

Curiosidades

  • Eduard Fernández describe a su personaje como un “héroe cansado”.